LETRAS DE RAPIÑA

noviembre 6, 2015

“EL AGUACERO”

Filed under: Sin categoría — Manuel Gavilán Pérez @ 3:26 pm

Screen Shot 2015-11-06 at 3.22.52 PMCuando abrí la puerta afuera aun llovía. Ella estaba allí. Caminaba desde hacía varias horas. Su piel mojada, su mirada triste, sin más lágrimas que llorar.
La abracé, sin palabras le pedí que entrara. Temblaba. Ella. Yo.
Nos acercamos a la chimenea buscando un calor que no era el que necesitábamos. El alma no se calentaba con aquellas llamas.
La besé como quien besa a un pequeño, así, sin malicia, con amor, con ternura.
Levantó su mirada. Me miró. Me besó. Nos miramos como quien mira un paisaje, como quien busca la paz, como quien se sumerge en agua fresca en un día soleado.
Le acaricié sus mejillas. Sus dedos se deslizaron sobre mis labios como preparando la piel para recibir otro beso. Así lo hizo. Me besó una vez más, con sus labios húmedos, con sus tibios labios. Sentí entonces otro calor, el calor que te eriza la piel, el calor que hace surgir ese poema de besos con esa rima que solo dos entienden.
Nuestros corazones empezaron a latir en un ritmo unísono y progresivo.
Al rato sentíamos que ni la piel nos separaba. Éramos uno… como antes de tirar la puerta y marcharse bajo el aguacero de sus propias palabras.

Manuel Gavilán P.
Noviembre 6, 2015.

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mayo 12, 2015

“El comienzo de la sabiduría es el silencio” -Pitágoras-

Filed under: Sin categoría — Manuel Gavilán Pérez @ 4:26 pm
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Pitagoras

Hoy leí esta frase y me interesé un poco más en este filósofo y matemático o matemático y filósofo que en algún momento de su vida quiso profundizar en la lógica de las matemáticas para así lograr entender los números. Por supuesto que su ego necesitaba de estudiantes, muchos estudiantes para desarrollar filosofías completamente nuevas. Pitágoras se había ausentado de Samos y durante su ausencia, Polícrates, un tirano insaciable, convirtió a la liberal isla griega de Samos en una conservadora e intolerante. El tirano quiso silenciar a Pitágoras invitándolo a formar parte de su corte, entonces Pitágoras lo rechazó y huyó a una remota cueva en la isla para lograr meditar sin el temor a ser perseguido. Probablemente el tiempo en soledad y en silencio le hizo reflexionar y empezar a caminar hacia la sabiduría y de ahí su frase porque en realidad pareciera que nunca fue un hombre callado.

Dicen algunos historiadores que no teniendo con quiénes empezar una escuela, tuvo que pagarle a un muchacho para que fuera su primer alumno que de casualidad, parece que se llamó igual que él: Pitágoras, al cual le pagaba tres óbolos por lección, hasta que al cabo del tiempo decidió hacerle una prueba y le dijo que ya no podría pagarle más a lo que el joven muchacho contestó: “Entonces prefiero pagar por mis lecciones antes de interrumpir mi enseñanza”. El alumno se convirtió en discípulo.

Aunque no permaneció mucho tiempo más en Samos. Pitágoras partió hacia lo que hoy es Italia, en aquel entonces parte de la Magna Grecia, quedándose en Crotona, lugar donde fundó una secta religiosa que tuvo alrededor de 600 discípulos con los que compartía sus enseñanzas y creaban ideas e instrumentos nuevos. En esta secta participaron hombre y mujeres de manera igualitaria, muy adelantada para la época y entre las mujeres, conoció a Teano, con la que se casó.

Pitágoras y sus discípulos vivieron estableciendo correlaciones con EL NÚMERO, al cual veneraban. Estudiaron la relación entre los números, la naturaleza, la armonía de la música, las órbitas de los planetas y por supuesto pasó a la historia por la demostración del Teorema de Pitágoras sobre el triángulo recto.

Su sabiduría no fue absoluta. Como líder que fue, el maestro tuvo dificultades con un discípulo: Hippasus, quien puso osó discutir de tu a tu con Pitágoras y cuando la razón deja de ejercer, entra a gobernar la fuerza. El resultado fue que Pitágoras mandó a ahogar a Hippasus, con lo cual se comprueba que los líderes carismáticos pueden resultar peligrosos.

La secta de Pitágoras logró obtener una gran poder político y precisamente por mezclar la religión con la política, su secta fue expulsada de Crotona y terminaron estableciéndose más al sur donde finalmente murió.

Cuando el ego no guarda silencio, la sabiduría desaparece.

diciembre 18, 2013

ALMA

Filed under: Sin categoría — Manuel Gavilán Pérez @ 11:53 am
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Alma que amas
dime qué amas,
dime qué sientes,
dime qué es.
Alma que sientes
dime qué sientes
dime qué guardas
dime qué es.
¿Alma qué guardas?

Silencio.

Filed under: MIS ESCRITOS — Manuel Gavilán Pérez @ 11:23 am
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darwin_silencioDos días sin hablar.
Hablando con el alma.

Dos días sin decir lo que siento.
Hablando sólo con el gesto.

Dos días sin quejarme.
Dos días con paz.

Dos días sin.
Dos días con.

Dos.
Dos.

agosto 9, 2012

ROMPIENDO

Filed under: MIS ESCRITOS — Manuel Gavilán Pérez @ 3:04 pm
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   Paz sin paloma, sin olivo.
   Paz sin Nobel.
   Paz sin política, sin izquierda ni derecha.
   Paz sin muertos, paz sin vivos.
   Paz.

julio 5, 2012

BARCELONA 2012

Filed under: MIS ESCRITOS — Manuel Gavilán Pérez @ 10:55 am
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Olor a sal y a jamón,
a paella en restaurante
a conejo y bogavante
a carabela y a Colón,

Azul, amarillo y rojo,
trazo negro en cada arista.
eterno Miró artista,
síntesis, total despojo.

Picasso, amigo Sabartés,
renacimiento, barroco,
arte moderno a la vez
y tiempo para ver poco.

Montjuic y el gran Tibidabo
observan a Barcelona,
grande Gaudí te alabo,
¡catalanes con esto acabo!

junio 7, 2011

¿Vivaldi?

Filed under: MIS ESCRITOS — Manuel Gavilán Pérez @ 2:44 pm

Una mañana fría. Abrió la puerta y la nieve entró a la casa como quien huye del frío. Cerró la puerta, le dio una vuelta más a la bufanda acomodándosela frente a su nariz y boca, metiendo luego sus manos apresuradamente en los bolsillos. La nieve cubría el jardín de enfrente, la acera y la calle.

La mañana siguiente. Abrió la puerta y un viento cálido entró a la casa como quien huye del calor. Cerró la puerta, se abrió un botón de la camisa y se la arremangó. El sol quemaba el jardín de enfrente, la acera y la calle.

Otro día más. Abrió la puerta y la lluvia entró a la casa como quien huye de la tormenta. Cerró la puerta, cerró su impermeable. El agua anegaba el jardín de enfrente, la acera y la calle.

El cuarto día. Abrió la puerta y una hoja seca entró a la casa como quien huye de una vida. Cerró la puerta, subió la cremallera de su chaqueta y frotó sus manos.

Nunca le gustó escuchar a Vivaldi en orden.

noviembre 8, 2010

“Cómo fui y dejé de ser un refugiado”

Filed under: MIS ESCRITOS — Manuel Gavilán Pérez @ 6:17 pm

Hace un tiempo mi padre nos pidió a mis dos hermanas y a mi, que escribiéramos nuestros recuerdos acerca de la salida de Cuba y el periplo que nos llevara hasta Costa Rica. Esto fue lo que yo escribí tal y como lo recuerdo. Aunque estoy seguro que debe tener muchas inexactitudes históricas, creo que lo que importa es el sentimiento que refleja:

Era una calurosa tarde de julio en la Habana. 25 de julio de 1961. Yo no lo sabía o no lo entendía bien pero mis padres se habían ido del país el día anterior. El timbre de la puerta de los altos de Lealtad 206 sonó con un sonido diferente, inquisidor, molesto, dictatorial. Yo era muy niño pero aquel montón de abuelas y tías abuelas que se esmeraban tanto en entretener nuestra existencia tratando de que no sintiéramos la ausencia de mis padres, no lograron ocultar la energía negativa de aquel timbre. Todas corrieron a cubrir con sábanas el caos de ropa, zapatos y maletas que llevaríamos tres días más tarde hacia Miami. Se escuchó entonces al sonido de unas botas de miliciano subiendo apresuradamente las escaleras del gastado mármol blanco que llevaba al segundo piso en donde vivíamos nuestros últimos días en la isla. Luego, las botas se hicieron camino hasta el balcón del cuarto de mis padres. El portador de ellas, portaba una bandera cubana, la cual amarró a la baranda, saliendo de inmediato de la casa sin percatarse de que unos “gusanitos” nos aprestábamos a salir de la isla. Al rato me asomé al balcón junto a una de mis abuelas –Fela- y escuché “menos mal que nos pusieron la bandera cubana y no nos tocó la de estos ñángaras”, haciendo referencia a la bandera del 26 de julio que ondeaba en el balcón de una casa vecina. Así aprendí el significado de esta curiosa palabra que no sé si fue inventada en Cuba: Ñángara=Comunista revolucionario y Gusano=anti-revolucionario.

El 27 de julio mis hermanas cumplieron años y la celebración fue una farsa circense en la que tías y abuelas con algodón en el pelo simulaban la vejez que llevarían a cuestas cuando regresáramos a Cuba, regreso que no se dio sino hasta que ya estuvieron todas bajo tierra. De alguna manera pienso que ellas así lo presentían y nos “cubrían” –al igual que las maletas- con mantas de teatro y risas, no solo para que nosotros no nos diésemos cuenta de lo que sucedía, sino para engañarse ellas mismas y suavizar así su dolor. Nosotros éramos niños y no bobos… nos dábamos cuenta de todo.

Mi recuerdo salta al aeropuerto. Un miliciano me quitó por un instante el anillo de oro amarillo con dos brillantes y una turquesa que me dio mi abuela Fela para que lo sacara de Cuba. No se por qué, el tipo me lo devolvió y lo logré sacar. Mi abuela observó –con el corazón en la boca-. Todo aquello mientras estábamos en la “pecera” en que nos colocaban y registraban a los que íbamos a salir.

Una vez en Miami, ciudad donde mis hermanas habían estado antes y yo no porque según decían “me orinaba en la cama”, alguien que no conocía, mujer, nos recibió y nos llevó a su casa. Las cajas de habanos que llevábamos las recibió para venderlas. Años más tarde me enteré que el dinero de la venta de aquellas cajas era supuestamente para pagar en parte nuestra manutención. Días después fui separado de mis hermanas y llevado a vivir con la tía de unos amigos que había conocido en Cuba: Mickey y Monchi.

Ahora mi memoria se pierde un poco y solo recuerdo ráfagas de sucesos. Mi madre vuelve a aparecer en nuestras vidas y en una casa muy grande comparto habitación con “Julito”. Jugamos a enterrar cosas en un playground con arena y recuerdo mucha gente viviendo en esa casa, la fila para comer, los “hotcakes”, ir al colegio, cantar el himno de los Estados Unidos, el saludo a su bandera y participar de los simulacros de bombardeo (estábamos muy cerca de Cuba), juegos de fútbol americano, kickball y ventas casa por casa de percheros. Un 24 de diciembre con un padre de regalo –nos visitó para estas fechas-. Julito con muchos juguetes y yo sin ninguno. No entendí nunca las injusticias de “Santicló”, ni por qué Julito no me prestaba aquellas pistolas de vaquero con su par de cartucheras. No tenía edad para darme cuenta de que yo tenía quizás el mejor de los regalos: la visita de mi padre.

Un avión a Medellín, Colombia. El avión baja rodeando unas montañas. Nunca había visto algo así. El Hotel Nutivara y luego a las Residencias Nutivara. Sopa en todas las comidas. Jugar a dar misa. Yo soy el cura y mis hermanas las feligreses y al final, la bendición con un “¡OH SEMATU!”, jerigonza inventada que “sonaba” a latín (la misa en aquel entonces se impartía en este idioma). Luego mi cabecita recuerda a mis padres hablando de buscar una casa, no se si para alquilarla o comprarla. Domingo en el parque y un policía con un machete al aire, persiguiendo a un ladrón. Nos fuimos de allá. Entendí que era por nuestro bien, por nuestra seguridad. Aquella ciudad-país no era un buen lugar para criarnos. Tampoco lo fue Miami también me quedó claro.

Llegamos a Costa Rica. La Pensión Francesa. El colegio La Salle… una pesadilla para mi. La primera casa, por el Paseo Colón detrás de la bomba Shell –hoy la Toyota-. Los zorros corrían por el entretecho de aquellas casas que lo compartían. Rascaban con sus uñas las paredes y en medio de mi niñez surge el temor por aquellos bichos que eran desconocidos para mi. Superados los zorros empiezo mis aventuras subiendo a los tanques de agua de aquella casa. Mi primera novia, una judía que recuerdo muy bonita. En esta casa despertó mi sexualidad.

Perdí el tercer grado por matemáticas –muchos cambios al mismo tiempo-, Lucrecia (mi abuela por parte de padre) me prepara para presentar. En aquellas vacaciones descubro que el blanqueador de ropa, servía también para borrar recuerdos… así desaparecieron muchas imágenes capturadas en blanco y negro por la cámara de mi padre y ampliadas en su cuarto oscuro de la Habana, donde pasamos muchas noches con días del padre, de la madre, navidades y familiares con rostros que apenas recuerdo.

Paso el año y me cambian de colegio y de barrio. Entro al colegio Calasanz, hago buenos amigos y de ahí salgo de bachillerato para entrar a Estudios Generales en la UCR. Me doy cuenta que ya dejé de ser un refugiado.

agosto 10, 2010

¿Para qué sirve eso de la crítica?

Filed under: MIS ESCRITOS — Manuel Gavilán Pérez @ 3:14 pm

“La crítica convertida en sistema es la negación del conocimiento y de la verdadera estimación de las cosas.”

Henri Frèderic Amiel

Ayer, en uno de esos viajes por la Internet, me apareció esta frase que si bien nunca la había escuchado antes, me pareció tremendamente familiar. Durante un buen rato estuve cavilando sobre el por qué me era tan familiar y más o menos esta fue la “lucha” que libré entre la crítica, la negación, los sistemas y la estimación de las cosas y las personas.

La palabra “crítica” viene del griego “kriticós” que significa “capaz de discernir”. El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define esta palabra como: “Examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.” Ahora bien, existe la crítica constructiva que propone soluciones a problemas o defectos y por otro lado está la crítica negativa que en vez de soluciones, lo que busca es culpabilizar.

Pienso que la frase de Amiel se refiere a la crítica negativa que se produce de una persona a otra u otras y dentro de nosotros mismos (auto crítica). Una pequeña dosis de ambas, nos asegura el crecimiento como seres humanos. El exceso nos llevaría a convertirla en un sistema de negación del conocimiento.

Un sistema de negación es lo que nos “permite” tergiversar factores de manera tal que podamos negar hechos con la convicción que estamos en lo cierto. ¿Y por qué haríamos algo así? Pues por una simple y sencilla razón: ¡Por necesidad! Como seres imperfectos pero perfectibles, poseemos una increíble avidez de perfección. Esta avidez nos lleva a veces a “tapar” nuestros errores, nuestros fallos y nuestras debilidades para evitar el dolor y el daño. Es uno de tantos mecanismos de defensa que tiene la mente para sobreponerse a lo que le es adverso o estima que podría ser: “perdí porque el otro jugó sucio; no porque yo haya jugado mal”, “es tan tonto que no me entiende; no es que yo no haya podido explicarme”. En estas dos frases vemos el patrón de la crítica destructiva, seguida de la negación del conocimiento. ¿Por qué? Porque sé que “jugué mal” y “no pude explicarme”.

La verdadera estimación de las cosas tiene su origen en el juicio humano y en la facultad estimativa. Según Michel Foucault y Elsa Cecilia Frost, “las riquezas son riquezas porque las estimamos, así como nuestras ideas son lo que son porque nos las representamos.” Nuestra facultad estimativa nos lleva a aprovechar lo útil y a despreciar lo nocivo.

El crítico indiscutiblemente se constituye en una especie de juez y como tal quisiera pensar que necesariamente debe ser imparcial, objetivo. Con nosotros y lo que nos es cercano pareciera un tanto utópico lograrlo. La mente está programada con el instinto de conservación y siempre va a tratar de defendernos ocultando nuestra capacidad de ser imparciales y objetivos con lo que se relaciona con nuestro entorno y con nuestro ego.

Los seres humanos y en especial los que vivimos en occidente, estamos muy distantes de disfrutar del cuarto estado de conciencia del que nos hablaba Gurdjieff: “La conciencia objetiva.” En este estado decía, una persona puede ver las cosas “tal como son”; o sea, podríamos estimar todo correctamente. No tendríamos que “juzgar” porque “sabríamos” y la crítica no existiría porque no tendríamos absolutamente nada que discernir.

Está claro que tenemos mucho sobre qué trabajar para deshacernos de tanta artimaña creada por nuestra mente que nos pinta caminos fáciles que conducen a ninguna parte y nos oculta el camino duro y trabajoso que podría llevarnos a un estado de conciencia menos mundano y armónico con nuestros semejantes y con nosotros mismos.

Una vez más concluí, al cabo de tantas vueltas a la frase con que la educación, el conocimiento es el único capaz de vencer a la crítica.

Manuel Gavilán P.

Agosto 10, 2010.

julio 10, 2010

“El vendedor de esperanza”

Filed under: MIS ESCRITOS — Manuel Gavilán Pérez @ 11:05 am

La esperanza es el sueño del hombre despierto.

Aristóteles

Carlos egresó de la escuela de mercadeo con muchas ganas y pocas ideas. El trabajo escaseaba y sin experiencia, veía casi imposible iniciar su carrera de mercadotécnico. Por si fuera poco, sus notas en la universidad no fueron de las mejores, razón adicional para su pesimismo.

Hoy Carlos despertó como todos los días, repitió su rutina de todas las mañanas y salió caminando hacia la oficina central de correos, lugar donde trabajaba acomodando correspondencia en los apartados postales. Su trabajo, mecánico y aburrido había costeado sus estudios durante 8 largos años. Abrió la puerta, luego las rejas y salió a la calle. Temprano de mañana la pobreza y el hambre de su barrio se escondía un poco, no así la suciedad, la cual se asomaba a los basureros, a las aceras, a las tapias y a las orillas de los lotes baldíos donde el sueño aun ocultaba a los pedreros, “huelepegas”, mafufos y tapis. Sus primeros pasos fueron los de siempre: las mismas caras, los mismos trapos, el mismo olor a pan fresco untado con alcantarilla taqueada y salpicado con una pizca de tanque séptico rebalsado. Finalmente alcanzó llegar de décimo tercero a la fila del autobús y pensó que sus posibilidades de subir a la lata eran de aproximadamente un 50%. Llegó al bus y al fin logró salir de aquel barrio donde la probabilidad de ser asaltado sobrepasaba el 99%. Una hora y 17 minutos y dos buses más tarde, se bajaba a unos pasos del correo los cuales caminó hasta llegar a su lugar de trabajo.

Carlos empezó su trabajo, abrió el saco y empezó a distribuir noticias buenas y malas, ofertas y solicitudes, pagos y cobros… palabras que cambiarían vidas o terminarían ignoradas en algún basurero.

Cerca ya del mediodía, cuando se disponía a comer su sanguche con mantequilla y paté acompañado de un fresquito de mozote –para refrescar el estómago-, sacó del fondo del tercer saco de la mañana una hojita que ofrecía la venta de lotería europea a uno de los suscriptores de los apartados postales. Él nunca había sido una persona optimista y después de un año de graduado, con lo que le habían costado en tiempo y dinero sus estudios y aun no conseguía un trabajo “decente”, su pesimismo había incrementado a razón de un 10% por mes, lo que le hacía un 120% más pesimista que al momento de recibir su título. Pensó entonces que nadie, nadie ganaría jamás una lotería vendida por correo desde Europa. Tomó el sobre y lo metió en uno de los bolsillos posteriores de su pantalón, cometiendo –guiado por su pesimismo- un delito penal.

Ese viernes llegó a la casa, sopa de paquete, arroz con huevo, más mozote, noticiero, novela, fuera ropa, fuera luces y a la cama. En medio de las sombras que dominaban su habitación, un tenue rayito de luz tocaba el papel que sobresalía tímidamente del bolsillo trasero del cansado pantalón que se recostaba pesadamente al respaldar de una vieja silla de madera: “NATIONAL EURO LOTTERY”.

Cerró los ojos con fuerza como queriendo borrar aquella imagen que su pesimismo le trataba de alejar y se dio vuelta para evitar cualquier posibilidad de verla. Pasó un rato y sus pensamientos le hicieron abrir los ojos… allí estaba, reflejada en el vetusto y manchado espejo del tocador que había pertenecido a su abuela y luego a su madre, la maldita hoja y su desafiante título: “NATIONAL EURO LOTTERY”. Suspiró, se levantó, caminó hasta el pantalón, tomó la hoja con furia y la arrugó, tirándola al basurero con la fuerza de un jugador de la NBA pero sin su puntería. La bolita de papel dio en la esquina contra una y otra pared y con un grácil giro vino a caer de vuelta a un paso de sus pies descalzos. A través de la pared se escuchaba el viejo radio de la vecina tocando aquella vieja canción de Shakira:

“…y ahora estás aquí
queriendo ser feliz
cuando no te importó
un pepino tu destino…”

Esto tenía que ser un llamado del destino –pensó-. Despacio se agachó, la tomó y poco a poco fue abriendo la bolita de papel hasta descubrir que aquella nota informaba que el propietario de aquel documento había ganado el premio mayor: ¡Un millón de dólares! Devoró el contenido de aquella nota, la cual contenía un recibo con un número para reclamar el premio, con la advertencia de que por razones de seguridad no hiciera pública esta noticia, hasta que el dinero no fuera depositado por transferencia internacional al número de cuenta de banco a nombre quien él indicase. Para iniciar el reclamo del premio, se le solicitaba ponerse en contacto con Mr. Frank Stuy a la siguiente dirección electrónica nationaeuroloto@netscape.net , no sin antes advertir que cualquier ruptura a la confidencialidad de aquella comunicación, le haría perder el premio.

Ni el recuerdo de la cucarachita Mandinga o el Domingo 7 pudo detener aquel absoluto y resuelto olvido del pesimismo. Dejó la nota haciéndole una especie de trono en la veladora, junto a la foto de su difunta madre y decidido, se acostó nuevamente, entregándose al más dulce y profundo de todos sus sueños: ¡ser millonario!

Al fondo escuchaba aun a Shakira que como una molesta letanía le recordaba su vida:

“…saludar al vecino
acostarse a una hora
trabajar cada día
para vivir en la vida
contestar solo aquello
y sentir solo ésto
y que Dios nos ampare
de malos pensamientos
cumplir con las tareas,
asistir al colegio.
que diría la familia
si eres un fracasado?
ponte siempre zapatos,
no hagas ruido en la mesa
usa medias veladas y
corbata en las fiestas…”

Ya no quiso escuchar más, Morfeo le empezaba a seducir alejándole de las maquinaciones mundanas, las cuales empezaba a verlas como un karma reservado a las clases socioeconómicas menos privilegiadas. El sábado despertaría a algo más que la rutina de la feria del agricultor.

Siete horas y media más tarde despertaba con la mejor idea de su vida: ¡vender esperanza!, virtud escasa a la que se le contrapone la desesperación, por demás abundante. El dinero para montar el negocio lo tendría al cobrar la lotería. Aquel sábado corrió al café Internet del barrio y sentado en las gradas que hacían antesala a la puerta, esperó a que abrieran. Mientras tanto, hacía planes, planes y más planes.

En la universidad, había presentado su tesis sobre el mercadeo de ideas que erradicaran la violencia en la sociedad. Para desarrollarla estudió en detalle el informe sobre el estado de la nación y la basó en los trabajos de Santo Tomás de Aquino, quien definiera la esperanza como la virtud infusa que capacita al hombre para tener confianza y plena certeza de conseguir la vida eterna y los medios, tanto sobrenaturales como naturales, necesarios para alcanzarla, apoyado en el auxilio omnipotente de Dios”. Carlos creía firmemente en que mientras tuviésemos esperanza, los seres humanos tomaríamos siempre el camino correcto, haciendo desaparecer los caminos que conducen nuestra sociedad hacia la violencia. Sí, claro, su tesis contrastaba con su pesimismo pero quizás era un intento de hacerlo desaparecer; al fin y al cabo todo lo que tenía en este momento era la esperanza de cobrar la lotería y siendo un tanto calvinista, esperaba ser “tocado” por la misericordia de Dios… aunque a veces Nietzsche le apagara esa esperanza:

La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre.

Friedrich Nietzsche

Pero Carlos no se clasificaba a si mismo como un pesimista, sino más bien un escéptico, ya que se cuidaba mucho de no emitir juicios y prodigarse eso sí en opiniones, de manera tal de no crear conflictos sin caer en un nihilismo que le resultase absurdo.

Sus cavilaciones fueron interrumpidas por la dueña que abría las puertas de su café Internet. Un corto “buenos días” y corrió a la computadora de siempre, aquella que le acompañó “las horas muertas” mientras investigaba para su tesis. Se “metió” rápidamente a su Hotmail y empezó a redactar el correo con su inglés de secundaria:

Dear Mr. Frank Stuy:

I win the lottery ticket. My number is REF NO. N.E.L/LP /92510760338/02.

Please depositate money in the Banco de Costa Rica cuenta de ahorros in dollars

number 001-1987-4567-890-000. My name is Carlos Infante Huete with cedula number 1-235-05147.

Tank you.

Se comió un último pedazo de la uña del dedo índice, intro… ¡y allá se fue el correo recorriendo el caber espacio!

Quedaba solo esperar a que le depositaran el dinero. Mientras tanto, empezaría a organizar su negocito de venta de esperanza. Empezaría por los barrios más necesitados, tal vez el suyo sería un buen comienzo, algo así como un “mercado de prueba”. Si sus vecinos le compraban esperanza, su mundo empezaría a cambiar y todo sería mucho más agradable. Pero antes renunciaría a su puesto en la oficina de correos, aunque al pensarlo dos veces decidió no hacerlo para no despertar sospechas por haber robado aquella notificación que le estaba haciendo millonario en dinero y esperanza, tanto así que hasta le sobrarían para venderlas.

En la esquina de su casa, al fondo del taller mecánico de don Pedro, su hijo Raúl tenía una pequeña imprenta, de esas que imprimen facturas, tarjetas de presentación, postalitas de santos y de primera comunión e invitaciones para bodas. Allá fue corriendo a que le imprimieran las facturas de su nuevo negocio. Rulo –como le decían al dueño de la imprenta-, se sorprendió al entender que Carlos le solicitaba facturas por ventas de esperanza. ¿De dónde la irá a sacar? Rulo estaba claro, la esperanza no es algo que se consiga así de fácil, ni sobra como para además venderla. Aun así, viendo la posibilidad de hacerse él de una buena esperanza, no desaprovechó la oportunidad y le ofreció hacerle la impresión sus facturas y recibos “a canje”, a lo cual Carlos accedió, estrenando los primeros talonarios con la tinta aun fresca, entregándole a Rulo su factura por la compra a canje de 4 esperanzas: una para don Pedro –su padre-, otra para doña Julia –su madre-, una para su novia Beatriz y otra para él.

En el transcurso del fin de semana Carlos logró vender esperanza en casi todas las casas del barrio, a decir verdad la vendía muy barata y nadie se negaba ante aquella oferta, salvo en una que otras casas contadas con los dedos de una mano, donde le salían con la frase “no gracias, ya tenemos”.

Al amanecer del lunes, le despertó el insistente timbre de la casita en la que vivía. Con lagañas en sus ojos y aun entre dormido abrió la puerta. Cuál fuera su sorpresa al ver que una masa desordenada de personas, sanas, enfermas, en sillas de ruedas, con muletas, algunas sin brazos, otras sin piernas, se agrupaban frente a su casa pidiendo a gritos que les vendieran al menos una esperanza, por pequeña que fuese. Talonario en manos, se dispuso a repartir facturas a diestra y siniestra hasta que no quedó persona sin esperanza y ni una factura en el talonario. ¡Qué negociazo! Eran muchos los billetes que tenía, más de los que jamás había visto, la mesa de comer estaba llena de fajos de billetes. ¡Por fin era millonario! Corrió entonces a bañarse y vestirse, ya era un poco tarde para su trabajo y tenía que pasar al banco a depositar sus abundantes ganancias.

Luego de pasar al banco, llegó por fin al correo. Durante toda la mañana, un solo pensamiento ocupaba su mente, no podía dejar de pensar en el riesgo que corría por haber robado aquella notificación de la lotería, era demasiado grande… ¡podría terminar en la cárcel! Por fin, al final de la mañana decidió sacar de su bolsillo el arrugado papel y estirándolo lo mejor que pudo, le aplicó pegamento, le cerró y colocó en el apartado postal al que correspondía. Ya no quería ese dinero, ya tenía el suyo propio en su cuenta de banco.

Cerca de las seis de la tarde pidió permiso al jefe, salió del trabajo y se apresuró a llegar al café Internet para revisar su Hotmail a ver si tenía noticias del dinero… de su antigua esperanza, la cual ya no necesitaba ni quería. Metió su clave y revisó… ¡nada! Seguro que por ser lunes, no habían revisado aun los correos allá en Europa; pero si allá iban adelantados 8 horas… ¡ya lo deberían haber recibido! Suave, suave, ¿cómo era que se llamaba la compañía de la lotería? En su mente sacó el papel que intentó desvelarle la noche del viernes, lo estiró un poco y leyó e introdujo el nombre en Google y este fue el link que le apareció: http://www.hoax-slayer.com/national-euro-lottery.html; con un rápido clic del Mouse se transportó al sitio web cuyo titular decía: “Nacional Euro Lottery Scam”. Buscó entonces en el traductor de Google el significado aquella palabra “scam” que sin saber qué significaba, algo le decía que no era nada buena. Escribió en el teclado la palabra… intro y resultado: ¡ESTAFA!

Ahora era Carlos el que necesitaba con urgencia una esperanza; su escepticismo ya lo había recuperado:

La esperanza es la peor pesadilla del hombre.

Carlos Infante Huete

El despertador sonó, eran las 6 de la mañana. Los sábados siempre iba a la feria del agricultor. Este sábado no fue diferente. Miró la nota de la tal lotería o más bien esta le miró a él desde su trono en la veladora, la tomó con furia, la arrugó otra vez y ahora sí, con un tiro perfecto desde la cama, cayó al basurero.

Manuel Gavilán P.

Julio 10, 2010.

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